Lombardo, el ideólogo

31 de julio de 2015

José Dávalos*

Vicente Lombardo Toledano nació en Teziutlán, Puebla, el 16 de julio de 1894. Murió en la ciudad de México a los 74 años, el 16 de noviembre de 1968. Destacó en su generación por su imaginación, por su memoria y por su capacidad de síntesis. Fue el mejor expositor de su tiempo, para lo cual acudió a sus grandes recursos jurídicos, de historia y de filosofía.

¿Por qué traer a la memoria la figura del maestro? Independiente de sus ideas políticas, hablaba a los jóvenes con sinceridad y con emoción. Sus adversarios le decían “Don Cloroformo”, dando a entender que al hablar dormía a todo el mundo. Nada más falso. Asiduo a sus exposiciones, me tocó escucharlo dos, tres y cuatro horas; tan embebido estaba en lo que decía que no quería que terminara.

Nunca le oí decir al maestro Lombardo Toledano el anuncio tan generalizado de “Ya para terminar”. Jamás. Uno sabía que estaba por concluir porque, sin decirlo, presentaba una síntesis de lo que había dicho, con la intención de que esas ideas quedaran bien grabadas en la mente de los oyentes. Como sucede con la puesta del sol, de esa manera terminaba su exposición.

En un artículo sobre La Concepción Educativa de Vicente Lombardo Toledano, Raúl Gutiérrez Lombardo dice que el maestro “tenía diversas concepciones educativas, y esto lo afirmo porque resulta obvio que no es lo mismo hablar de su concepción ideológica, entendiendo a la educación como elemento de acción política, que de su concepción pedagógica, entendiendo a la educación como elemento de capacitación práctica y teórica, o de su concepción educativa en el terreno de la cultura, entendiendo a la educación como proceso de conformación de una conciencia en el educando acerca de la cultura universal y nacional”.

Fue un trabajador intelectual y un hombre de acción, un pensador que vivía en las cumbres más altas del conocimiento y un activo luchador por la transformación social; consagró su vida a la formación de la conciencia de los trabajadores y a la construcción de un proyecto de lucha política.

Lombardo Toledano fue un crítico del positivismo mexicano que era la filosofía oficial y sostén ideológico del porfirismo. En su formación influyó determinantemente el grupo de intelectuales más avanzados del país de aquel momento, que formaban el “Ateneo de la Juventud”, más adelante denominado “Ateneo de México”.

Los más importantes fundadores de ese grupo fueron Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Alberto J. Pani, Alfonso Pruneda, Martín Luis Guzmán, Antonio Caso y Pedro Henríquez Ureña. De Antonio Caso decía Lombardo: “Fue para mí y sigue siendo en el recuerdo y en mi afecto personal el maestro por antonomasia, primero en el bachillerato, más tarde en la Escuela de Jurisprudencia y, simultáneamente, en mis estudios de filosofía en la Escuela de Altos Estudios. Orador brillante, expositor magistral y hombre de gran simpatía, el maestro Caso formaba nuestras ideas en las principales ramas del saber, casi sin darse cuenta de las consecuencia que la filosofía idealista-espiritualista que preconizaba habrían de tener en la vida nuestra en cuanto dejáramos las aulas”.

Además de las múltiples funciones políticas y administrativas dentro y fuera del país, el maestro Lombardo Toledano en la UNAM fue catedrático y secretario de la Facultad de Jurisprudencia, dos veces director de la Escuela Nacional Preparatoria, y director de la Escuela Central de Artes Plásticas, San Carlos.

Para él nunca fueron diferentes la cultura y la política. En su pensamiento, la cultura forma parte de la política. Ser culto significa tener más fuerza para actuar políticamente. Prepararse culturalmente es capacitarse mejor para la vida política; estudiar es una obligación del político; tomar los libros es ganar fuerza para ser más eficaz en la política. A la vez, la política constituye una parte de la cultura. La política es la expresión más alta de la vida de un pueblo; superior al arte, superior a la ciencia; es la creación más grande de un pueblo.

Cuando las vacaciones estaban cerca, el maestro Lombardo Toledano decía a sus alumnos: “Ahora que cada uno vaya a su tierra, que se fije bien, que estudie con cariño los problemas de la región. Yo sigo haciendo lo mismo cuando voy a la mía, en la sierra de Puebla; esto es lo que debemos hacer todos los mexicanos, porque México lo necesita”.

Decía Lombardo que el maestro tiene que ser, siempre, estudiante de México.

josedavalosmorales

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